cuando veo toda esta gente, sus vidas, sus hijos, sus casas, pienso que yo podría haber sido ellos, sus mujeres, sus perros. que ellos pudieron haber sido yo o estar muertos.
y me alegro de saberlos vivos, de verlos cambiar, y me harto de saber todo de ellos, de mi, de escucharlos, de sus miserias y sus cumpleaños. y los siento cerca y por dentro en sus pequeñeces y en el tedio de sus imágenes y de sus palabras, que son tan aburridas como las mías.
y nos compadezco en las bolsas del supermercado en el ascensor, y en las mascotas de departamento, y me avergüenzo de sus egos patéticos, y me conmueven nuestros miedos estúpidos a las arañas y a decir la verdad, y entonces me enamoro de sus maneras de subir la escalera, y de sus bocas, y de todas las formas de sobrellevar esta nada: con camisetas que dicen cosas, haciendo bebés, creyendo que vamos a algún lado con los cortes de pelo, ganando el pan de cada día o robándolo, diciéndolo todo a los gritos tanteando como ciegos, rindiéndonos nunca.
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